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martes, 3 de febrero de 2015

SINFONÍA PARA UN AMOR ABSURDO


Y sin embargo... aún te quiero.
Con la terquedad propia del que ha perdido la cordura, y se empecina en su demencia, en imponer al mundo su desvarío, con absurdos argumentos.
Te quiero, con la dolorosa y suicida convicción con la que se defienden las causas perdidas.
Te quiero,  sabiendo que en mi batalla interior es segura la derrota, la razón vencida por el recuerdo de tus besos, de tus manos, de tu sudor y tu saliva.
Te quiero, aunque un orgullo maldito me torture, para obligarme a creer lo contrario, trayéndome con burla a la memoria tus desplantes.
Te quiero, muy a pesar de los golpes que con saña, tú y yo le hemos propinado a este amor, frágil e inseguro.
Aunque las heridas de mi corazón sangren a diario, y éste, agonizante me suplique que te odie,
yo, sin escuchar su dolorosa queja, tomo el puñal de tu recuerdo, y abro tajos sin piedad en sus sufridas fibras,
abriéndolas más, vertiendo por el dolor de tu ausencia y la mía, de tu orgullo y el mío, un llanto invisible, derramando lágrimas que nunca nadie verá, ni siquiera yo misma.
Te quiero, aunque nunca más vuelva a decírtelo, aunque tus ojos no vuelvan a mirarse en los míos, aunque no volvamos a tocar con nuestras manos las estrellas desde las sábanas revueltas,
aunque mi cabello no se enrede más entre tus dedos, y tu sudor no vuelva a empapar mi rostro y mi cuerpo,
y aunque un eterno silencio amurallado se levante entre los dos.
Te quiero, aún te quiero, ya no con la misma fuerza, ni de la misma manera,
tampoco sé si mañana los restos sobrevivientes de este amor absurdo entreguen su último suspiro,
o tal vez agonicen un mes o un año, o quizás permanezcan siempre, en un coma sempiterno. No lo sé.
Lo único que hoy puedo decirte con certeza es:
Y sin embargo...aún te quiero.

sábado, 16 de junio de 2012

TIENDA DE RECUERDOS Y ANTIGUEDADES

A principios de este año, una tarde cualquiera de mediados de enero, salí a recorrer acompañada de mi hermana, las calles del centro histórico y del sector amurallado, plan que además es de mis favoritos, coincidiendo con la época del año que para mi juicio es la más tranquila de las vacaciones, cuando ya se ha pasado el bullicio y el ajetreo de la temporada navideña.  Esa tarde fresca y tranquila de enero, descubrimos un sitio que capturó de inmediato mi atención, la primera señal que nos alertó de su presencia fue un olor indescriptible, como a madera antigua, con un poco de polvo, o más bien a mueble viejo sobreviviente de épocas y acontecimientos ocurridos muchas  décadas atrás. El añoso olor produjo en mi, el encendido instantáneo del interruptor de mi  acelerada imaginación, apresuramos el paso para encontrarnos allí, a mitad de una de las antiguas calles del centro histórico cartagenero, con una tienda extraordinaria. Primero atisbamos por las ventanas, pegando las caras a los vidrios para divisar a medias el contenido de los artículos que se vendían, antiguedades de toda clase me hacían carantoñas desde el otro lado del vidrio para invitarme a entrar, cosa que hice sin pensarlo dos veces y casi arrastrando a mi hermana a quien el solo olor ya la tenía nerviosa. Al poco rato nos encontrábamos en el interior de una inmensa casona llena desde el piso hasta el techo de objetos, adornos, muebles, cerámicas, todos antiquísimos,datados de remotos tiempos, muchos provenientes de excavaciones y rescates arqueológicos en diversas partes del mundo. Fue inevitable salir de allí sin comprar algo; el objeto escogido aquella tarde de enero fue una preciosa taza de te francesa, de finales del siglo XIX y en la que pomposamente tomo mi café o mi te cuando me siento a escribir, me gusta imaginarme que alguna mujer interesante, famosa, o noble quizás, también tomó en esa hermosa taza de fina porcelana con filigrana. Salí de allí con una extraña sensación, mezcla de placer y contento por haber adquirido algo que me había encantado, y de culpabilidad, por gastar dinero en algo que sabía no necesitábamos para nada en el momento, pero lo más espectacular de la visita a aquel lugar, fue el haber experimentado la vivencia de ser transportada a épocas pasadas, por el solo hecho de haber estado en un sitio tan particular, lleno de objetos y cachivaches antiguos.
Aunque parezca increíble cada uno de nosotros es propietario de una tienda de antigüedades, cada uno de nosotros posee innumerable mercancía en los estantes de la mente y del alma, sólo que el único cliente que nos visita es nuestro propio pensamiento, que acude con frecuencia a la tienda a buscar recuerdos en específico, un aroma, un rostro, una sonrisa, una caricia, un lugar... hay  también en la bodega de la tienda mercancía almacenada que por ningún motivo se quiere sacar, porque corresponde a sufrimientos, a lágrimas, a mentiras, a silencios, a despedidas y a injustos engaños. Pero hay recuerdos... que como mi taza de  te, costosa e innecesaria, se sacan de la tienda para beber la vida a diario, embelleciéndola con el delicado y hermoso diseño de un recuerdo innecesario, que también nos ha costado muy caro.



NIÑOS LECTORES...¿ NACEN O SE HACEN? ¡TRUCOS QUE FUNCIONAN!

Carolina del Mar, mi lectora de cinco años  U na aclaración muy importante: No soy educadora ni psicopedagoga infantil, por lo ta...